Felicidad a la vuelta de la esquina

Hoy Marcos partió a jugar. Como buen viajero cogió capa y sable, su pistola de incalificable calibre, sus cartas de Yugi-Oh, una medalla de sheriff y corrió de mi mano, sorteando baches, caminando más allá de sus pies, presagiando juegos que ocurrirán aquí y en otras galaxias, más allá de su imaginación y la de otros niños. Y disfrutando el camino arribamos a la casa de su amiguito, que también dentro de sus paredes fantaseaba con preguntas y respuestas, batallas de guerreros con espadas y tapas de sartenes por escudos. Subió veloz las escaleras mientras yo permanecía debajo viendo como le salían grandes alas de su espalda de niño. Cuando sus pies tocaron el último peldaño y se volteó a mirarme, su sonrisa arrasó con la calle, y algo grande le brotó del pecho para explotar en alegría .

Observando a mi hijo me quedé perpleja. Mirar la cara de la felicidad no es cosa que se ve todos los días. Es un milagro de los más inauditos. Mientras montones de nosotros buscamos con ansia ese momento clímax, un niño con sueños de héroe lo encuentra a solo tres cuadras de su casa.

 

Nota: Escrito en 2010. Marcos tenía 6 años.

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Un pensamiento en “Felicidad a la vuelta de la esquina

  1. Josy, me ha encantado descubir este nuevo blog… pensé que las historias solo las compartías por Fb, pero no que estaban almacenadas en un pedazo tan tuyo. Me ha gustado, sobre todo, porque este Marcos se merece todas las letras del mundo. Un abrazo. Se les quiere.

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