Fórmula para el perdón (dedicado a mi amiga Lila Benaouda, un ser humano maravilloso)

Me gusta escribir de los encuentros. Los encuentros fortuitos, los programados, los inusuales y extraordinarios. Son lo que yo llamo experiencias fuertes, porque al pasar nos muestran un camino, nos hacen parar un momento en la convulsa cotidianidad para pensar, centrados en nuestra naturaleza original como seres humanos y desde la perspectiva del amor.

Este encuentro, que pudiera pasar como habitual, tuvo lugar en mi propia casa, una reunión familiar en la que como siempre, asistimos varios integrantes de la familia.

Nuestra familia es rica en nacionalidades y en religiones, en aproximaciones culturales, de manera que el espectro es amplio. Pues bien, mi encuentro de la noche fue con el perdón. Vino aproximándose sutil de la mano de una persona especial, que más allá de argelina y musulmana es hija bendecida por Dios, sin importar si es Jesús Cristo o Alá quien ocupa su corazón. Bendecida en alma y sabiduría porquen si bien se predica sobre la importancia del perdón, son pocos los que te ayudan a encontrarlo, muy pocos los que te ponen justo en el camino.

Esa persona, que suele poner la otra mejilla, me abrió su corazón, me dio su fórmula para el perdón. Me habló de la necesidad de insistir con el amor, aún cuando no sea totalmente recíproco, sólo para no traicionar tu propia esencia. Pero me explicó también que cuando el amor no resulta entonces debes dejar espacio para la reflexión, no tu reflexión porque nunca te traicionaste, debes hacer silencio para que la persona que te agravia se de cuenta por sí misma de que ha estado obrando mal. Su ejemplo era muy simple: si siempre prodigas amor, no importan cuantos desaires, malos humores y malas rachas, si siempre has tenido una respuesta de amor ante la maldad, esa persona sentirá tu silencio cuando no aparezcas, no llames, espere tu habitual amor que no llega. Es esa distancia la que propiciará un análisis, un ajuste con su corazón y comenzará un proceso de perdón entre las dos partes. Los mayores cambios y más profundos son generados por experiencias, así que me atrevo a afirmar que esta puede ser una fórmula efectiva. Y ya después meditando sobre propiciar este espacio para la reflexión recordé que de niña mi bisabuela también optaba por esta solución cuando me aconsejaba exponer mi punto de vista sobre un asunto, pero sólo una vez, y después callar, aún cuando eso derivara una fuerte reacción en la otra persona. Silencio, me pedía. Silencio para permitir paso a la reflexión de la otra persona, hasta que llegado el momento se abría paso la compresión y el perdón. Todo se solucionaba.

Todos tenemos que aprender a perdonar. Es casi un axioma. La meta está en no rendirse. De alguna manera pienso que eso se espera de nosotros, como nosotros también lo esperamos de a quienes debemos perdón. Tampoco queremos que se rindan con nosotros. Bienvenidas entonces las fórmulas para solucionar un tema tan complejo, probemos con algunas, inventemos y compartamos otras, a fin de cuentas, el amor es el único camino posible para el hombre, aunque tengamos que intentarlo eternamente.

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2 pensamientos en “Fórmula para el perdón (dedicado a mi amiga Lila Benaouda, un ser humano maravilloso)

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