Fantasía de verte ( A la memoria de mi padre Lázaro Odales, fallecido hace cinco años)

Hoy tuve la fantasía de verte. Vi tu cabeza canosa, una silueta lateral y parecía tan tuya que acorté mi paso para vivir mi fantasía.

Me quedé quieta, imaginando cómo sería correr y abrazarte. Parecías tan tú que tuve ganas de tocar la piel de tus brazos y tus resecas manos.

Un desconocido que se parece a ti te trajo de vuelta, y caminaba y caminabas tú y yo te seguía despacio para alargar el momento. Un giro rápido me trajo de vuelta y toda semejanza se convirtió en diferencia. Lloré por dentro y por fuera, por ti, por el momento, por aquella semblanza, por aquel desconocido que nunca serías.

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Amor adulto

Acabo de encontrar el sustituto de tus rizos, amigos rebeldes de tu juventud. Ahora me enamoran tus arrugas, hijas del tiempo, surcos cautelosos que nacen de tus ojos y sin límites ni riberas van camino a tus sienes, a fundirse entre la ensortijada negrura del pasado y la plateada cabellera del presente.

Te miro las arrugas y recorro su camino para no perderme. La superior la ganaste siendo padre y su desfile de temores, noches de fiebre, sustos de caídas, incertidumbres y esperas. La del medio, no menos pequeña, fue una mirada de soslayo a la muerte, y ese encuentro develó una verdad tan dura que no cupo en tus ojos y salió despavorida a buscar refugio externo. La última, y más extensa, es la de los sueños rotos, los que se quedaron en planos y maquetas, la risa que no congelaste, las prioridades que bajaron tus deseos, los lugares que no tocaste, esbozos de cuadros que no pintaste, la rutina de días de rutina.

Y así ahora tus arrugas van ganando mi corazón, mis ojos las miran con la ternura de quien las ha visto nacer, crecer y hacerse adultas con el tiempo.