Amor adulto

Acabo de encontrar el sustituto de tus rizos, amigos rebeldes de tu juventud. Ahora me enamoran tus arrugas, hijas del tiempo, surcos cautelosos que nacen de tus ojos y sin límites ni riberas van camino a tus sienes, a fundirse entre la ensortijada negrura del pasado y la plateada cabellera del presente.

Te miro las arrugas y recorro su camino para no perderme. La superior la ganaste siendo padre y su desfile de temores, noches de fiebre, sustos de caídas, incertidumbres y esperas. La del medio, no menos pequeña, fue una mirada de soslayo a la muerte, y ese encuentro develó una verdad tan dura que no cupo en tus ojos y salió despavorida a buscar refugio externo. La última, y más extensa, es la de los sueños rotos, los que se quedaron en planos y maquetas, la risa que no congelaste, las prioridades que bajaron tus deseos, los lugares que no tocaste, esbozos de cuadros que no pintaste, la rutina de días de rutina.

Y así ahora tus arrugas van ganando mi corazón, mis ojos las miran con la ternura de quien las ha visto nacer, crecer y hacerse adultas con el tiempo.

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6 pensamientos en “Amor adulto

  1. ¡Qué lindo¡ Cuánta verdad en tus palabras, porque se a quien están dedicadas. Eres una mujer muy afortunada, porque además tu hijo está teniendo muy buen ejemplo, al lado de su gran papá. Besos mi amiga, como siempre hermoso tu escrito. Deberías hacerlo más seguido.

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