Carta a mi Padre

Padre, déjame contarte que te extraño. Es viernes en la noche y te extraño. Más bien, llevo días así pero a veces las ganas vienen de súbito y de manera más aguda. Es un sentimiento feo Padre, porque nace sin esperanza, y siempre, siempre me hace llorar.

El otro día montada en una guagua vino ese sentimiento repentino y lloré a borbotones. Algunos me miraron, tal vez pensaban que lloraba por un amor perdido. No estaban tan lejos, no…

Mi hijo también hoy recordó uno de los juegos que le inventabas, y aunque lo recordamos con amor, la última pizca fue dolorosa.

Padre, déjeme contarte que tu muerte ha sido sin palabras. Cambió mi mundo y me hizo adulta. Igual que cuando tuve a mi hijo, ¿recuerdas aquel día que tanto lloraste de emoción?

La vida con tu muerte comenzó a girar, a girar, y siento que todavía no se detiene, todo cambió, todo mi mundo cambió cuando te fuiste. No sabes lo que me costó recoger todas tus cosas, vender tu linda casita, montar a mi madre en un carro y dejar todo atrás, toda mi infancia bonita que tanto y tanto adornaste. Todavía no sé como esta, tu hija, fue tan fuerte para asistir a tantos entierros.

Traje conmigo tus plantas, tu sonajero violeta, regalé algunos de tus cuadros pero guardé, eso sí, el que me hiciste aquella vez, y que siempre supiste que nunca me gustó. Lo guardo en mi cuarto con tanto amor…

Padre, déjeme contarte algo bueno, y es que ya puedo mirar tus fotografías, no todos los días soy tan fuerte pero hay días en que si las miro me pareces cerca, y pareces tan normal, tan normal que no me creo que no estés. La foto me grita que estás, como siempre has estado y deberías estar. Es un sentimiento confuso…

Padre, déjeme contarte que por dolorosa, tu muerte me ha hecho fuerte, me enfrentó a una realidad de la vida que siempre trataste de ocultarme. Tengo que confesarte que esa idea no fue buena, y que valoraré como tratarla con mi hijo. Es controversial la vida y extremadamente compleja. No la entiendo Padre, pero sé que tengo que aceptarla, porque eso me dejó claro tu muerte cuando me mostró su cara.

Padre, déjeme contarte que me doy cuenta cuando estás. Tú sabes que me doy cuenta…cuando suena tu sonajero y no hay viento, cuando a veces estoy tranquila y siento tu presencia, cuando me visitas en los sueños. Sabes que no temo.

Padre, déjame contarte que Mamá ha sido fuerte, pero a veces la miro y hasta su fortaleza me da lástima. Cuando pienso en todo lo que ha perdido no puedo dejar de sufrir por ella. Ella te extraña Padre, y con razón, nadie la comprendía como tú.

Padre, déjame contarte una última cosa, y es que el nieto de tu corazón está lindo. Elimina todos aquellos temores que tenías, es fuerte y sabrá salir siempre adelante. Tiene que aprender a sortear obstáculos, pero es cabezón y bracea fuerte como su mamá. Él me recuerda tanto a mi misma de pequeña…sé que tu pensarías igual. Me parece escuchar tu voz cuando lo regaño, pidiéndome que lo entienda…él te hizo querer tanto la vida…

No te preocupes Padre por mí si vez que lloro y sigo extrañándote. No creo que esto que siento pase, pero quiero que sepas que sé cuan importante soy para los míos y que por ellos y por mí tengo que llevar tu muerte de la manera que tú hubieras deseado. No sería capaz de aumentar tu sufrimiento. Además, escribirte de vez en cuando me hará sentirme bien…y tú siempre me dejarás contarte…Padre.

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