Vengo de otro planeta

¡Tía tú haces cada cosas!… eres rara, es como si vinieras de otro mundo. Me dice mi sobrina sonriendo cuando me ve salir puerta afuera, a toda carrera, en bata y pantuflas para el frío, tan solo porque viene el carro de la basura. Necesito ver eso le digo… quiero ver el brazo hidráulico, que sin auxilio de ente humano, coge los tanques de la basura, separados y categorizados, vacía su contenido y los coloca en el mismo lugar.

Llegamos a tiempo el perro y yo. Miramos extasiados desde el ¨gate¨, por diferentes motivos, claro está. En mi caso pienso que no es que sea gran cosa, le digo a mi sobrina, lo que sucede es que yo vengo de otro planeta, no soy de Planetas Unidos. Tan sólo eso… me justifico divertida.

En mi planeta – le explico- a las personas le pagan por bajarse y coger tanques maltrechos para vaciar su contenido. Los camiones no pasan en horarios fijos como aquí y el reciclaje es tan diferente que me lo reservo para no proporcionar náuseas a ese delicado estómago.

No, mi sobrina, mi planeta es muy sucio, impera la escasez y la desorganización pulula. Te asombrarías de ver con qué cuota de anhelos vivimos. Los habitantes, niños y adultos, tienen alguna formación pero en su generalidad son gente ignorante, para nada educados y soberanamente pretenciosos. Vamos por las galaxias pensando que estamos más cerca que nadie de Dios y arrastramos en nuestros viajes estas creencias, que devienen en fuertes explosiones. No estamos preparados para vivir fuera de nuestros límites planetarios, aunque sea lo que más anhelamos.

Sin embargo, en mi planeta, el dinero no compra –completamente-el corazón de las personas. Nuestra arrogancia se tira al piso cuando de niños y ancianos se trata. Para ellos regalamos nuestras sonrisas, sin costo alguno, porque a diferencia de tu mundo, en el mío hay cosas que son completamente gratis. Los médicos lo mismo diagnostican, que te dan el teléfono de su casa y hasta ponen inyecciones. No hay procederes de compañías aseguradoras que los limiten a hacer algo por un habitante cuando es necesario. Somos incapaces de dejar a nuestros familiares enfermos, solos en los hospitales, e irnos a descansar como si nada.

En mi planeta nos reímos y gesticulamos sin medida. Nos paramos en cada esquina a conversar con nuestros vecinos, de punta a punta de la calle. ¿Puedes creer eso?

Como la tecnología es tan escasa, en nuestro planeta todavía preferimos tomar un café ¨face to face¨ con nuestros amigos, a los que veneramos por encima de todo el dinero que puedan o no tener. La familia es sagrada y no hay trabajo ni estilo de vida que nos impida estar con ellos cuando nos necesitan.

Por otra parte, los niños como tú, están preparados para ser sobrevivientes en cualquier punto del universo. ¡Cuánto me gustaría que aprendieras eso, aunque la diferencia de atmósfera te generara algún que otro trastorno!

Nada, es así, vengo de un planeta diferente – y le termino así mi explicación. No es ni mejor ni peor, porque esos dos términos, dadas las circunstancias específicas en las que nos movamos, pueden ser muy relativos.

Ya estoy de regreso en mi planeta. Oscurece. Solo me queda mandar a mi sobrina un beso sencillo, de bajo costo, y un pensamiento de amor, eso sí, con mucha fuerza, que es lo único que me sobra. Como lo mando desde aquí es posible que no llegue. Ya tengo un nuevo bono para mi ración de anhelos: es posible, quién sabe, que mejoren los correos interplanetarios.

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