Otoño, quédate conmigo…

Tomo mi café caliente y miro las otoñales hojas caer por la ventana de esta casa del siglo XVIII, en George Town, el vecindario más antiguo de Washington DC.

Por ratos me siento totalmente cinematográfica, en otras ocasiones inmersa dentro de una pintura de época. Disfruto del momento en que la vieja casona aún duerme, suspira el sueño tranquilo junto a sus inquilinos. Solo yo disfruto de las primeras claridades del amanecer y de la danza de cientos de hojas multicolores que abundan fuera. Amarillo, rojo, naranja, árboles que parecen pintados de manera intencional y que compiten en belleza con las pintorescas casas tradicionales, de crecimiento vertical. Las aceras ya amanecen cubiertas de esta alfombra de hojarasca multicolor que tanto me fascina, mientras en el interior de la casa la chimenea y libreros antiguos cierran la imagen de una maravillosa pintura.

Como vengo de un país con escaso otoño, siento la necesidad de vivirlo a tope, por todos los años que no lo tuve. Salgo a la calle y respiro otoño, con su mezcla de perfumes diversos. ¿Una especie de jazmín que no conocía? ¿Y este otro olor dulzón…? Me pierdo entre árboles, esencias frescas y otras que se descomponen, y ya en la esquina aparece la sabrosa mezcla del café y el olor a croissant fresco de la mañana. Inflo los pulmones de otoño y continúo por las simétricas calles, mientras mi pelo recoge alguna hoja amarilla que se acomoda muy bien en mis cabellos. ¨Is Fall…¨ , gritan las vidrieras cuidadas e íntimas de deliciosos y encantadores negocios. Todos parecen celebrar la danza otoñal con bellas vasijas de flores disímiles, en reemplazo a las que caen.

Junto a mí transita la vida sin aparente apuro. Gente elegante pero al descuido. Algunos pasean sus perros que hociquean en los bellos cementerios de hojas, otros regalan sonrisas y otros ponen sus delantares para comenzar la faena.

Es otoño y me dejo llevar por las hojas y su danza con el aire, por la belleza que le otorgan a la vida. Si fuese para siempre tal vez no fuera tan hermoso, pero al menos quédate conmigo, otoño, hasta que nuevas hojas me devuelvan las perdidas.

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