Correo internacional

Piden que les escriba…¨es alimento del que me nutro… ¨-me dicen-y cuando los mensajes no aparecen me reclaman enfadados, pidiendo su ración de noticias, de mis desvariadas apreciaciones y los recuentos de mi vida diaria. Por eso , aunque cansada, escribo, pensando en aquellos que esperan mi correspondencia, que no es llevada por corceles, ni trenes ni aviones, sino que viaja entre códigos computarizados, unos y ceros que recorren enormes distancias cargados de imágenes y sentimientos.

En el inmenso valor de la palabra trasmito todo: la esperanza que recorté con esmero para mi madre, el aliento y energía que reservo para mi tía, la mano que extiendo para saludar a mis lejanos vecinos, el beso cálido que pongo en la gastada piel de mi abuela, los ojos que desde lejos recorren todo…cada pedacito de lo que físicamente dejé pero que está siempre como una película fina, cubriendo mi retina.

Escribo también para contar otra realidad, esta nueva que vivo…, el asombro de lo nuevo , la banderita que ondulo de un nuevo reto logrado, los sueños que voy sembrando como semillas y que protejo contra todo viento que pretenda estropearlos. Les cuento lo que mi mente ordenada y conciente me permite. A mi corazón le tengo prohibido… a ese no…ese no sabe, no sabe cómo ni qué debe decir…es demasiado sincero e inocente.

Como tanto escribo para otros, a veces también escribo para mí, como en este post. Me regodeo en el delicioso saber de que hay quien espera mis letras, con el mismo agradecimiento de quien las escribe.

Cuba desde arriba

El piloto anuncia que volamos a no sé ni cuantos pies de altura. Sin embargo, no puedo evitar abrir el mapa electrónico esperando con ansia cruzar el mar y volar a lo largo de mi isla. Mi vista va desde mi dedo hasta la ventana, mientras sigo en el tablet las líneas de la costa sur y me entretengo en adivinar la retahíla de pedazos de tierra que debajo nos nombran.

Es mejor desde arriba. Puedes imaginar la isla a tu antojo. Cuando se pierde altitud se divisan mejor las siluetas de las costas y una multitud de sinuosas líneas que rompen tierra adentro.

Desde esta altura todo es posible. Es solo un pedazo de tierra que pudiese ser todo lo que quieras soñar. Por unos momentos, cierro los ojos y me dejo llevar.

Como un resorte de la primaria salta el verso de Guillén con su largo lagarto verde con ojos de tierra y agua. Me es inevitable mirarla de otra manera, hasta que los versos se esfuman de mi cabeza al descubrir de repente, allá abajo, los cayitos repletos de sol, que contrastan con las pequeñas escarchas que las bajas temperaturas formaron en mi ventana.

Vuelve la voz del piloto y anuncia que estamos pronto a aterrizar. Las ruedas tocan tierra y al mirar nuevamente por la ventana pareciese como si una bruma cubriera mi retina. Froto mis ojos tratando de alejar la oscuridad que me envuelve.

Desde arriba es mejor. Desde arriba todo es posible.

Un rápido papeleo, nada que declarar y mi única maleta me botan a la calle. Tomo el taxi y de nuevo está en mi cabeza Sarah, aquella profesora de literatura que nos hacía aprender versos de memoria. Esta vez me recuerda uno que casi había olvidado: ¿Dónde está mi bandera cubana? la bandera más bella que existe, desde el buque la vi esta mañana y no he visto una cosa más triste…

La lágrima silente

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Estudiaba Filología cuando me leí la Consagración de la Primavera. No sé si por real afinidad o porque las circunstancias eran propicias para esa determinación, decidí convertirme en la rusa que bailaba a ras del suelo, siempre a ras del suelo, pero por sobre todas las cosas, porque no le interesaba la política, vivía ajena, sin tratar de tocar ese mundo en el que la mancha y la claridad es tan ambigua. Creo que es un patrón fácil de asumir cuando se tienen 20 años: no hay explicaciones lógicas para tu país y un sentimiento de precaución ante estos temas domina tu intelecto. Por tanto, decidí ser Vera.

Lo cierto es que fueron pasando los años y el papel de la rusa siguió su curso. Era una puesta en escena mantenida. Viajé, conocí nuevos horizontes, regresé siempre, y seguí comprando pan ácido en nuestras panaderías, sorteando obstáculos en la educación de mi hijo, viendo a mi familia y amigos partir masivamente, siendo testigo de exorbitantes precios para hoteles de poca categoría, irrespetuosos precios para la compra de autos, y todo ese rosario de calamidades a los que de manera general hemos estado expuestos. En fin, no esperaba nada de mi país. Dicen que el que nada espera lo pasa mejor, y la Rusa de Carpentier me mantenía en pie.

Sería este un tema aburrido para los psiquiatras, con toda su teoría de bloqueo emocional y demás. Después de tantos años, me he dado cuenta que para mí es un tema pendiente con mi corazón.

Hoy doblo la edad en la que decidí interpretar este papel y confieso que ya no soy tan buena actriz. Cuando escucho canciones como Cada país (Buena Fe) o ¨Mi país se está poniendo viejo (Adrián Berazaín) , cuando leo campañas que actualmente hacen otros países con lemas como ¨ORGULLO DE MI TIERRA¨, o ¨Invertir en mi país es un buen negocio¨, cuando cubanos con vergüenza toman el lápiz y hablan de lo que éramos, no de en lo que nos hemos convertido, una lágrima silente corre por mi mejilla, caliente y con dolor. Dicen que esas salen del alma.

 Incluso podría decir que mi actuación va empeorando. Mientras algunos ríen en espectáculos de humor con chistes que giran sobre la divisa de los extranjeros, las colas en las embajadas, las tallas de zapatos y de ropas, entre la ingeniosidad del cubano que me hace reír, siempre retornan mis lágrimas silentes. Allí están para recordarme de dónde vengo y quién soy; que este es mi país y que sí me importa qué se hace o deja de hacer; que de alguna manera, aunque creamos que exiliarnos es el mejor camino, somos hijos de esta tierra y lo que a ella le pase nos toca a fondo. Sin idealizar y seguir clichés constantemente repetidos en escuelas y discursos, pienso además que una herencia viva se impone, debe quedar en nosotros algo de los cubanos que tantísimos años atrás demostraron nuestra valía. Tal vez por eso mis lágrimas…

Este ha sido mi papel hasta hoy. Desde mi ventana veo cientos de cubanos en su diario ajetreo y trato de imaginar cuál será su interpretación. Algunos tal vez no se detengan a pensar, concentrados en sobrevivir. Sin embargo, sé que otros, tocados sensiblemente en determinados momentos, sentirán correr, con angustia, sus propias lágrimas silentes.